Aún estoy absorta en mi primera impresión con Thornrose
pero soy consciente de la presencia de Aedan a mi lado aunque se conduce con
sigilo. Aún y todo enseguida desconecto y me dejo mecer por la sensación
inquieta y desoladora que me embebe a la vez que estudio la fachada, el jardín
y la verja en busca de nuevos detalles que se me hayan pasado por alto en mi
ansioso escrutinio anterior.
Cuando consigo liberarme un poco del influjo de Thornrose
me encuentro con que Aedan ha desaparecido. Miro a mi alrededor, esperando
encontrarlo en algún lugar insospechado, observando. Tiene la natural cualidad
del sigilo y sabe ver sin ser observado e intervenir en caso de que considere
que puede sacar provecho de la situación, como hizo conmigo en la posada. Aquel
pensamiento acaba en una punzada de resentimiento.
Pero no hallo rastro de él. Lo único que encuentro es mi
solitaria maleta en el suelo, muy cerca de mí. La cojo y echo un último vistazo
a mi alrededor. Ya es media mañana y el sol está en camino de alcanzar su
cenit, dotando de brillantez todo lo que abarca su mirada. Los árboles parecen
haber crecido con el único propósito de recibir su cálida bendición y dejan que
sus escamas rojas y naranjas se doren y se iluminen como tímidas estrellas.
De alguna manera me siento como si me estuviera
despidiendo de algo. Todavía soy una desconocida en aquel lugar. Todavía nadie
puede asociarme con la futura alumna del colegio a la que esperan. Todavía
tengo la ocasión de renegar de las exigencias que pronto me esclavizarán por
formar parte de sus dominios. Todavía estoy a tiempo de sentirme un poco más
libre de lo que me sentiré dentro de unos momentos, cuando ellos memoricen mi
nombre y mis rasgos y me incluyan entre las alumnas a las que moldear como una
pieza uniforme más de la sociedad. Todavía estoy a tiempo de no figurar como
alguien a quien vigilar constantemente y a quien censurar sus esperanzas.
Esbozo un triste suspiro y me enfrento a mi destino. Las
puertas de la valla es tán abiertas y recorro el sendero de entrada hasta las
puertas principales. Descargo mis puños contra la pesada madera y aguardo.
—¿Quién va? —Una voz de mujer grita desde el interior,
pero abre una de las puertas sin esperar respuesta. Por un momento su rostro
enrojecido y rubicundo de ojos azules luce extrañado, pero enseguida conecta
todas las ideas de manera adecuada y su rostro se ilumina, reconociéndome.—
Usted debe ser miss Nightsin —exclama con exagerada emoción—. Pase, pase.
La cofia blanca que lleva ajustada sobre sus cabellos
cenicientos me revela que se trata de una criada. Sus ropas, humildes pero
elegantes, la distinguen como un miembro de rango superior dentro de su
condición. Muy probablemente se trate del ama de llaves.
Paso al interior y me doy de bruces con un amplio
vestíbulo de baldosas mate en color
granate, adornadas con variados motivos florales. Al fondo veo una gran escalera centrada,
cuyos extremos se curvan hacia fuera, ensanchando su boca. Ambos extremos del
pasamanos de manera barnizada se rematan con volutas. La escalera sigue una
forma en Y; el primer tramo da a un amplio descansillo donde las escaleras se
bifurcan y llevan al ala este o a la oeste.
—Espere aquí, señorita —me pide la mujer. Su cuerpo
avanza en dirección al vano del lado derecho del hall, que parece dar a un
pasillo repleto de puertas. Antes de desaparecer del todo, se gira para mirarme
con gesto amable—. Por cierto, soy Abigail, el ama de llaves. No dude en
consultarme cualquier duda que le surja. Estaré encantada de orientarla lo
mejor que pueda.
Yo asiento con la cabeza. En cuanto su voluminosa figura
escapa a mis ojos, continuó examinando el vestíbulo y los elegantes muebles de
madera y adornos lujosos que lo visten. Pero lo que finalmente atrapa toda mi
atención es el retrato a gran escala que pende de la pared del descansillo de
la escalera. Ensimismada, subo los primeros peldaños y me detengo frente a él,
estudiando los angulosos rasgos de la mujer. Aparenta una edad comprendida
entre los 40 y los 50. No es una mujer hermosa, pero posee una seguridad
palpable y una fuerza de voluntad que se manifiesta en sus ojos y su barbilla
erguida que captan la atención. Su cabello es oscuro a juego con sus ojos, y contrastan con su piel
pálida y fría. Sí, fría. Sé que no puedo sacar semejante apreciación de un
estudio visual a un cuadro inanimado, pero es una sensación intensa que me
transmite y que no puedo evitar emplear para describirla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario